Ser abstemio en una sociedad alcoholizada

Porque más vale tarde que nunca, correr es de cobardes, rectificar es de sabios, y el agua es para los peces, hoy me he decidido a compartir esto.

Es un artículo que trata de cómo se siente un abstemio en la sociedad actual. Yo soy una persona que no bebe porque no le gusta. Algunos ya sabeis que estoy en Alemania, donde la fama de beber cerveza a lo bestia, no es sólo fama. Resulta chocante que un español vaya a un país con esa tendencia y diga que no bebe. Y no, no fue una mala experiencia, simplemente no me gusta. Y no, tampoco es por el deporte. El deporte me ayuda a que tenga aún menos ganas de beber, ya que lo que deshidrata una bebida alcohólica pasa factura.

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No espero que os guste, tan sólo que lo compredais. Sin ir a malas ante todo.

El otro día, mi compañero Naruedyoh de Xataka Android, a la vez que me recomendaba OpenCola, la receta pública de refresco de cola, me sugirió que no estaría mal hablar de lo duro que es ser abstemio en una sociedad alcoholizada. Yo, como sabéis por mi afición cervecera, no lo soy en absoluto, pero voy a intentar ponerme en su piel durante un tiempo, a ver qué ocurre.

En nuestra cultura, el alcohol es parte del día a día, beber no solo es aceptado, sino que también es alentado y celebrado. Es una actividad social —cuando se quiere mostrar que alguien es solitario, se le representa bebiendo solo— y por lo tanto, quien no bebe queda excluido de ella.

En cierta medida, ser abstemio se parece mucho a ser no fumador —algo que sí soy— en un grupo en el que todos tus amigos fuman. Aunque se ha hecho mucho esfuerzo recientemente para quitar el componente social de fumar, tratando de desterrarlo de los lugares de ocio, sigue siendo algo que parece disfrutarse más en grupo.

Así que imaginaos la situación, ocho o diez amigos cenando por ahí, cuando llega el impasse habitual entre la comida y el postre, momento que aprovechan todos para ir a fumar fuera —haga el frío que haga— mientras yo me quedo en la mesa con cara de tonto disfrutando de mi soledad.

Imagino que esa soledad siente también el abstemio cuando todo el mundo organiza su actividad social en torno a la bebida. Puede no ser una soledad física, pero sí emocional, porque estar sobrio mientras tus amigos están borrachos rara vez es una sensación agradable, por muy divertido y extrovertido que uno sea, no se siente parte de la fiesta.

Si lo pensamos bien, hay muchísimas actividades y convenciones sociales vinculadas al alcohol. En las celebraciones se brinda de alegría con alcohol —y se considera que brindar sin alcohol da mala suerte—, ver el fútbol o cualquier otro deporte está muy asociado a la cervecita, incluso cuando practicas deporte, luego vas a tomarte una.

En todas estas situaciones, ser abstemio resulta violento, porque todo el mundo te mira con cara de “va, tómate una”, algo que no ocurre, por ejemplo, con los vegetarianos. Nadie —o casi nadie, diría— trata de convencer a un vegetariano de que se pida carne, pero todo el mundo ofrece alcohol a quien ha decido no beberlo, y además, salvo en una barbacoa, no se me ocurren muchas otras ocasiones en las que no comer carne te excluya de la actividad social.

Otro punto que enfatiza esta sensación de ser dejado un lado es la falta de opciones para quien no bebe alcohol. Al igual que cada vez hay más eventos en los siempre hay una opción vegetariana en el menú, la oferta no alcóholica no siempre se tiene en cuenta, ni siquiera cuando celebras una fiesta en casa.

Sin ir más lejos, mi padre se trae su cerveza sin de casa cuando viene a ver el fútbol a la mía, y cuando salimos por ahí, no espera poder elegir la marca de su cerveza sin alcohol, cuando abanico de marcas de cervezas convencionales suele ser amplio. Eso, por no hablar de los cócteles o combinados, solo excepcionalmente los hay no alcohólicos en las cartas.

Todo esto se vuelve más incómodo aún cuando la persona que no toma alcohol no lo hacer por estar embarazada, tener diabetes o ser el conductor esa noche, sino que ha tomado esa decisión en la vida, respetable como cualquier otra. Tengo la sensación de que mucha gente los considera parias, que los excluye tácitamente, como cuando en el instituto eras el que no fumaba, por volver al símil anterior.

Incluso dentro del círculo de amigos más íntimos puede un abstemio verse desplazado, a pesar de que todo el mundo sepa que no bebe alcohol. Yo aún me sorprendo ofreciéndole una cerveza o un gin tonic a una de mis amigas que sé que no bebe alcohol nunca, obligándola a tener que rechazarlo cortésmente. Aunque es un gesto nimio, es la representación tangible de la exclusión que siente.

Como he dicho al principio, no soy abstemio, así que es posible que haya patinado completamente al tratar de interpretar las emociones que se sienten al ser abstemio en una sociedad alcoholizada. Pero creo que no está mal que lo haya intentado, aunque sea únicamente para abrir un debate que espero continuéis vosotros en los comentarios.

Fuente: directoalpaladar.com

NOTA: Muchas gracias a (at)BeZuru por el link! 😀

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2 pensamientos en “Ser abstemio en una sociedad alcoholizada

  1. Puedo comprender lo dificil que tiene q ser estar en tu situacion. En mi casonsi la cerveza es de calidad,la disfruto muchisimo!.

    Y mira, igual de malo me parece beber Coca-cola y todo ese tipo de bebidas. Considero el azucar cm la peor de las drogas. Por eso cada vez q voy a un bar a tomar algo..que pides sino es agua? Te?..empiezan las complicaciones..

    • La situación no es difícil, lo que pasa es que no creo que se le deba andar pidiendo explicaciones a una persona que no bebe porque no le gusta. El concepto: ‘La primera vez no le gusta a nadie, pero luego te acostumbras’ es algo que tampoco comprendo. A mi si no me gusta, no me gusta. Y punto.

      Cuando vas a un bar hay veces que se sorprenden de que lo que pidas no lleve alcohol. Pues sí, bebo cosas sin alcohol. Existen zumos varios, aunque generalmente los de naranja pueden ser los naturales, agua, refrescos y te. A mi no me gustan las infusiones pero ojalá. Es una bebida estupenda.

      No lo he publicado con intención de hacer sangre. Sólo para que la gente se dé cuenta que hay gente que no bebe, de la misma forma que otros no toman carne. Y a ellos no se les pregunta por qué no toman y se les dice que debería tomarla.

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