Ansiedad, estrés y nivel de actuación en el deporte. Definición de arousal

387514_431864003561120_219139483_n

Aunque habitualmente los términos arousal, estrés y ansiedad se utilizan de forma indiscriminada e intercambiable en el ámbito deportivo (Weinberg y Gould, 1996), los psicólogos del deporte consideran que es sumamente importante proceder a su diferenciación, máxime si tenemos en cuenta que existen matices y peculiaridades suficientes como para que cada uno de estos vocablos tenga una entidad propia dentro del complejo mundo del deporte y el ejercicio físico.

De hecho, muchos de los profesionales de la Psicología Deportiva piensan que proceder a esta diferenciación es el paso previo para poder llevar a cabo cualquier proyecto de investigación, mínimamente serio, sobre el complejo tema del rendimiento deportivo. Así pues, antes de hablar de la relación que el arousal, el estrés y la ansiedad tienen con la ejecución deportiva, es necesario definir de forma eficaz y rigurosa cada uno de estos vocablos, es decir, hay que dar una descripción de cada término que sea inteligible y operativa, una descripción tan concreta que haga innecesarias las explicaciones interminables y reduzca al máximo la confusión entre conceptos.

 EL AROUSAL: es “una activación general fisiológica y psicológica del organismo, variable a lo largo de un continuo que va desde el sueño profundo hasta la excitación intensa” (Gould y Krane, 1992, pp. 120-121). 

Para nuestros propósitos, y siguiendo a George Sage (1984), el arousal ha de ser considerado como una función energizante que tiene la responsabilidad de administrar los recursos del organismo cuando el sujeto debe realizar cualquier actividad que suponga un ingente esfuerzo físico y/o mental.

Por tanto, el estado de arousal de un individuo se percibe como la intensidad de su motivación en un momento concreto, una intensidad que transita en un continuo que se extiende desde la falta absoluta de activación, es decir, el estado de coma, hasta la activación máxima, es decir, el frenesí. De hecho, las personas con arousal bajo generalmente se encuentran demasiado relajadas, cómodas y tranquilas, faltas de reflejos y mentalmente desactivadas. Por el contrario, las personas con arousal elevado experimentan un significativo aumento del ritmo cardíaco, de la respiración y de la transpiración, están excitadas, prestas para la acción y mentalmente activadas.

La ansiedad, en cambio, es un estado emocional complejo, difuso y displicente que se expresa por un sentimiento de temor y de tensión que va acompañado de un importante cortejo somático (Ayuso, 1988). Aunque es una emoción muy cercana al miedo, difiere de él en varios aspectos. La ansiedad es más bien la anticipación de un peligro venidero, indefinible e imprevisible, siendo su causa más vaga y menos comprensible (Marks, 1986). En este sentido, conviene recordar que, en ocasiones, la ansiedad ha sido definida como “miedo sin objeto”, mientras que el miedo ha sido considerado como “la ansiedad ante un estímulo determinado”. Por todo ello, se puede afirmar que:

 LA ANSIEDAD es “un estado emocional negativo que incluye sensaciones de nerviosismo, preocupación y aprensión relacionadas con la activación o arousal del organismo” (Weinberg y Gould, 1996, p. 102).

En cualquier caso, la ansiedad ha de ser considerada como una emoción completamente normal, una emoción cuya función es siempre activadora, es decir, que estimula y facilita la capacidad de respuesta del individuo ante las demandas del entorno. Sin embargo, también es cierto que cuando esta emoción es excesiva en intensidad, frecuencia o duración, o aparece asociada a estímulos que no representan una amenaza real para el organismo pero que provocan alteraciones en el funcionamiento emocional y funcional del sujeto, se considera una manifestación patológica. Todo ello supone, como oportunamente señalan Weinberg y Gould (1996), que la ansiedad tiene dos componentes: un componente de pensamiento (la aprensión y la preocupación) y un componente fisiológico (el nivel de activación del sistema nervioso autónomo). Al primer componente, directamente relacionado con la percepción, la formación de imágenes y de conceptos, el pensamiento, el juicio y la imaginación, se le denomina ansiedad cognitiva; al segundo, que constituye el grado de activación física percibida, se le conoce con el nombre de ansiedad somática. Ahora bien, como reiteradamente advierten Bernstein, Borkovec y Coles (1987), a pesar del importante papel que la ansiedad juega en la conducta humana, la atención de los clínicos e investigadores sobre este constructo no ha sido suscitada por el interés de clarificar o descubrir su naturaleza o su función, sino más bien por el hecho de que como término es suficientemente vago e impreciso como para abarcar un amplio rango de fenómenos comportamentales que son en sí mismos de importancia y de utilidad para la ciencia. Tanto es así que, en la actualidad, la psicología y la psiquiatría se encuentran con la delicada tarea de medir y modificar un concepto vago, ambiguo y mal definido, una variable metafórica que Sarbin (1964) refiere como algo que asume ser de vital importancia para la comprensión del comportamiento humano.

432142_171891232978135_497666276_n

En efecto, tal y como sugieren Fuentenebro y Vázquez (1990), el concepto de ansiedad ha ido desarrollando en su evolución una dimensión múltiple: ha sido considerado como un estado emocional y fisiológico transitorio (el sujeto está ansioso en este momento concreto), como una disposición rasgo (el sujeto es una persona ansiosa) y como una causa o explicación de una conducta (el sujeto come en exceso porque tiene ansiedad). Concretamente, el estado de ansiedad hace referencia al componente siempre variable del estado de ánimo:

 ANSIEDAD ESTADO es “un estado emocional caracterizado por sensaciones subjetivas, conscientemente percibidas, de recelo y tensión, acompañadas de –o asociadas a- la activación o arousal del sistema nervioso autónomo” (Spielberger, 1966, p. 17).

A diferencia del estado de ansiedad, la ansiedad rasgo es una característica distintiva de la personalidad, una disposición conductual adquirida que induce a una persona a percibir como amenazadora una amplia gama de circunstancias que objetivamente no son peligrosas, y a responder a las mismas con estados de ansiedad de intensidad y magnitud desproporcionadas a la amenaza percibida.

En concreto, la ansiedad considerada como una disposición rasgo es:

 ANSIEDAD ESTADO es “un estado emocional caracterizado por sensaciones subjetivas, conscientemente percibidas, de recelo y tensión, acompañadas de –o asociadas a- la activación o arousal del sistema nervioso autónomo” (Spielberger, 1966, p. 17).
 ANSIEDAD RASGO es “un motivo o disposición conductual adquirida que predispone a una persona a percibir una amplia gama de circunstancias objetivamente no peligrosas (desde el punto de vista físico o psicológico) como amenazadoras, y a responder a éstas con reacciones de ansiedad estado de intensidad y magnitud desproporcionadas con respecto al peligro objetivo” (Spielberger, 1966, p. 17).

Por fortuna, a finales de los años sesenta tiene lugar un importante cambio en la investigación psicológica sobre la ansiedad: la definición de la ansiedad como un algo unitario (ya sea un estado emocional, un rasgo psicológico o una causa subyacente) empieza a ser considerada inoperante e inapropiada, y en su lugar la ansiedad comienza a ser vista como un término que hace referencia a un complejo y variable patrón de conducta caracterizado por cogniciones y sentimientos subjetivos de aprensión y tensión que acompañan o están asociados a una determinada activación fisiológica (Paul, 1969), activación que sobreviene como respuesta a ciertos estímulos internos (cognitivos y somáticos) y/o externos (ambientales). Además, se hace hincapié en que este complejo constructo es multidimensional, es decir, que posee, al menos, tres sistemas de respuesta: el motor, el cognitivo y el fisiológico; tres sistemas de respuesta que, a pesar de interactuar entre ellos, pueden ser perfectamente diferenciados:

  • Sistema Motor. La manifestación motora más frecuente de la ansiedad es la conducta de evitación o de escape, una actuación mediante la cual el sujeto trata de no enfrentarse al estímulo o situación que origina semejante estado emocional. También, en ocasiones, la ansiedad se exterioriza con un estado de inhibición motriz, un estado en el que el sujeto permanece inmóvil, paralizado, sin poder articular palabra o saber que hacer. Además, a consecuencia del exceso de activación fisiológica, también se observan algunos episodios de tartamudeo, frecuentes experiencias de temblores y una continua e imperiosa necesidad de moverse y gesticular.
  • Sistema Cognitivo. En lo que al sistema cognitivo se refiere, nos encontramos con un sujeto preocupado, intranquilo y temeroso, con recurrentes pensamientos de catástrofe, de que “algo va a salir mal”, de que “algo trágico va a suceder”. Ello es debido a que su atención es tremendamente selectiva, una selección que sólo alcanza a aquellos estímulos que provocan, o pueden provocar, la ansiedad, lo cual le impide concentrarse adecuadamente en otras tareas y funcionar con normalidad.
  • Sistema Fisiológico. En cuanto al componente fisiológico, el organismo muestra un estado de alerta que se manifiesta en el sistema nervioso central por una sobreactivación de los mecanismos de control subcortical (formación reticular), y a nivel del sistema nervioso autónomo por un incremento de la frecuencia cardíaca, de la conductancia de la piel, de la tasa respiratoria y del volumen sanguíneo. Es un exceso de activación que puede provocar numerosas alteraciones somáticas: taquicardia, insomnio, sensación de ahogo, sudoración excesiva, etc., alteraciones que suelen ir acompañadas de niveles elevados de cortisol, adrenalina y noradrenalina en la sangre. En contra de lo que pudiera esperarse, los datos clínicos y experimentales ponen de manifiesto que estos tres sistemas de respuesta no correlacionan entre sí (Lacey, 1965 y 1967; Lang, 1968; Williams, 1991), observándose que existen diferencias individuales y situacionales verdaderamente significativas en los patrones de respuesta de ansiedad. Esto quiere decir que una persona que se muestra ansiosa en relación con una determinada situación estimular no tiene por qué manifestar sobresaltos y alteraciones en todos y cada uno de los sistemas de respuesta, al contrario, puede mostrar fuertes reacciones en sólo uno, o en dos, de los sistemas y mantener dentro de unos límites absolutamente “normales” el resto. Por ejemplo, pueden registrarse intensas reacciones y cambios en el sistema cognitivo, pero no en la conducta motora o en la actividad fisiológica.

 

525322_10151320427876496_690065366_n

Todo ello supone, tal y como señalan Bernstein, Borkovec y Coles (1987), la necesidad de un cambio de enfoque a la hora de evaluar cualquier trastorno relacionado con la ansiedad, ya que, en lugar de centrar el foco de interés en la medición del constructo, deberíamos ocuparnos de las condiciones estimulares (externas y/o internas) que dan lugar a las conductas etiquetadas de ansiedad y de la determinación de sus componentes específicos (activación emocional, conductas de evitación, etc.). Dicho de otro modo, para evaluar si realmente una persona es ansiosa es preciso tener en cuenta dos cuestiones:

  1. El patrón de respuesta individual que muestra el sujeto, patrón de respuesta que revela en qué sistema o sistemas de respuesta se manifiesta la ansiedad.
  2. Las consecuencias sociales y los beneficios secundarios que puedan influir en el mantenimiento del trastorno. Consecuentemente, las investigaciones sobre la ansiedad se han vuelto más sofisticadas y más cuidadosas acerca de cómo evaluar y tratar las conductas asociadas con los niveles elevados de arousal y con la ansiedad.

Por ejemplo, la mayor parte de las investigaciones actuales sobre la ansiedad están basadas sobre al menos una medida en cada uno de los tres principales sistemas de respuesta, una medida tomada en condiciones diseñadas específicamente para minimizar la influencia de otros factores (Gil, 1994). Además, se reconoce que los datos recogidos son únicamente indicadores de un estado emocional conocido como ansiedad, pero no son ansiedad en sí mismos. Finalmente, todo esto empieza a sugerir que las reglas mediante las cuales se aprenden o se modifican los diferentes componentes de la ansiedad pueden diferir de un sistema a otro (Lang, 1979) y que ciertos sistemas de respuesta pueden ser más importantes que otros (Zanjonc, 1965).

525346_505269979535619_1708448580_n

También puede interesarte:

Ansiedad, estrés y nivel de actuación en el deporte. Introducción

Anuncios

4 pensamientos en “Ansiedad, estrés y nivel de actuación en el deporte. Definición de arousal

  1. Pingback: Ansiedad, estrés y nivel de actuación en el deporte. Medición del arousal | ironcatblog

  2. Pingback: Ansiedad, estrés y nivel de actuación en el deporte. Relación Arousal-Rendimiento deportivo | ironcatblog

  3. Pingback: Ansiedad, estrés y nivel de actuación en el deporte. Técnicas para el control de arousal | ironcatblog

  4. Pingback: Ansiedad, estrés y nivel de actuación en el deporte.Técnicas de control de los aspectos fisiológicos | ironcatblog

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s