La importancia del entreno con pulsómetro

Como casi toda la tecnología que tenemos a nuestro alrededor, no le sacamos partido a los pulsómetros.

Los deportistas ocasionales simplemente, se limitan a mirar las pulsaciones en reposo, a observar cómo incrementan cuando inician la actividad, poner alarma superior e inferior y listo.

Los deportistas regulares, lo usan casi a diario, pero únicamente de una manera contemplativa y en ocasiones lo utilizan como elemento de “tortura”, para someterse a cargas de entrenamiento, en muchas ocasiones excesiva y generalmente sin criterio.

Sin embargo, las posibilidades de un pulsómetro pueden llegar a ser determinantes cuando queremos mejorar nuestras prestaciones y, sobre manera cuando notamos que estamos “estancados” en nuestro rendimiento aeróbico y anaeróbico.

Los pulsómetros que podemos encontrarnos en tiendas especializadas, parten desde los 40 euros hasta más de 300.

Son digitales, y a través de unos sensores adheridos a una banda elástica que ubicamos en el pecho, cerca del corazón, tienen la capacidad de registrar los latidos del corazón del usuario, y mostrárnoslo en pantalla, de manera instantánea.

Hay modelos que permiten enviar la información registrada al ordenador, para obtener así gráficas de los parámetros obtenidos durante la actividad a registrar. Son ideales para trabajar estratégicamente y verificar si estamos mejorando en la medida que teníamos prevista.

Lo ideal, para poder aprovechar al máximo esta tecnología, es acudir a nuestra federación y que nos hagan una buena prueba de esfuerzo, donde obtendremos la información de los umbrales aeróbico y anaeróbico.

Estos umbrales son fundamentales para planificar las cargas de trabajo de los entrenamientos y para poder fijar unos parámetros objetivos, acerca de las p.p.m. en las que nos interese trabajar.

ERROR…
– No debemos caer en la tentación de dejar todo en manos de la tecnología. Está muy bien disponer de ella, y aprovecharla, pero no debemos alejarnos de lo que los deportistas de élite denominan “sensaciones”. Hemos de conocer nuestros umbrales, claro que sí, pero muchos días, en muchas sesiones de entrenamiento, si escucháramos a nuestro cuerpo, detectaríamos que no tenemos el día, que el cuerpo no es receptivo a determinadas cargas de trabajo, que le conviene recuperar, etc.
– El instinto del deportista ha de prevalecer sobre unos fríos datos numéricos que nos aporta la pantalla del pulsómetro.

Lo que hace unos años era maquinaria al alcance de unos pocos profesionales de la salud, ha pasado a ser de uso generalizado, y las personas que, regularmente adquieren estos equipos, no están preparados ni formados sobre la tecnología que están manejando.

MANOS A LA OBRA… Vamos a comenzar a utilizar el magnífico pulsómetro que hemos adquirido, o hemos hecho que nos regalen.

1- Conozcamos nuestra frecuencia cardíaca máxima teórica. Tradicionalmente se ha calculado restando tu edad a 220. En mi caso, 220-38=182 ppm. La mayoría de los pulsómetros te piden datos de sexo, edad y otros parámetros personales para ajustar este dato automáticamente.
2- Trabajar por debajo del 50% de tu frecuencia cardíaca máxima, no nos aporta mejoría alguna. El 50% de 182 ppm es 91 ppm.
3- Cuando queremos iniciar una actividad tras una época de vida sedentaria, lo más inteligente es trabajar entre el 60 y el 70%. Parámetros también muy utilizados en pretemporada de muchas actividades.
4- Trabajaremos entre el 70 y el 80% de la fcmt, cuando queremos mejorar de una manera relevante la capacidad de oxigenación en sangre. Es la zona ideal para quemar esas grasas tan rebeldes, que tanto nos interesa eliminar.
5- Cuando queremos castigarnos y trabajar en anaerobia, alcanzaremos el 80-90% de la fcmt. Esto es entrenamiento de competición. El hecho de que sea anaeróbica esta zona de trabajo, provoca que los músculos solicitan más oxígeno del que la sangre les puede facilitar. OJO a esta zona de trabajo, porque debería de ser zona únicamente para deportistas avanzados, ya que además del esfuerzo físico que implica, supone una gran carga de trabajo al organismo.
6- Marcar ritmos del 90-100% de la fcmt es el tipo de carga más exigente. Es tan duro, que nuestro cuerpo apenas puede aguantar unos segundos… No es recomendable para deportistas de riesgo (hipertensión, colesterol, obesidad, sedentarios, personas mayores, etc.).

Por todo ello, lo primero que tenemos que conocer es nuestro estado de forma y lo que busco adquirir con el deporte y pulsómetro. Tener siempre presente por qué entreno y para qué lo hago. El uso del pulsómetro es muy distinto para una persona que pretende únicamente adelgazar y llevar una vida saludable, que el de un deportista que trata de alcanzar unas altísimas prestaciones competicionales.
Si nuestro objetivo es, por ejemplo, adelgazar, has de mantenerte entre el 70-80%. Recordad que las reservas de glucógeno del organismo, deberían aguantar unos 20´, así que, a partir de ahí, estaremos quemando grasa de verdad…

No hay que matarse a diario con grandes picos de pulsaciones cuando el objetivo es adelgazar. Bastaría con mantenernos de manera regular en ese margen de trabajo. En mi caso, ya citado, trabajaría entre las 125 y las 145 ppm. Es, en principio, una zona de trabajo en la que podríamos, incluso, mantener una conversación relativamente fluida con otra persona. Prolongar el tiempo de actividad en esta zona de trabajo, nos facilitará enormemente esa pérdida de peso pretendida.
En próximos artículos, se tratará el uso de los pulsómetros para uso competitivo.

10nov13

Fuente: bikeandbreakfast.es

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