Una lacra llamada dopaje

Artículo que tenía guardado. Con los comentarios que he oído por parte de la prensa alemana respecto a Mireia, creo que es buen momento. Espero que os guste:
La trampa en el deporte es el ‘doping’, un robo, una farsa del que todos nos sentimos engañados. Tiñe la imagen y los valores que el deporte transmite.
Toda actividad “deportiva” tiene por serlo una serie de valores positivos aplicables a cualquier ámbito de la vida. Superación o esfuerzo, nos acompañan en los estudios y el trabajo, compañerismo, fair play o respeto se muestran en nuestras relaciones personales y sociales, constancia, dedicación o humildad nos forman como personas. Y, sin embargo, todos estos loables valores se ven empañados cuando la ambición brota por encima de los valores para tiranizarlos y someterlos a cualquier precio. Se desintegran las facetas positivas, se difuminan entre la verborrea demagógica de los límites de la moralidad, y se cae en la trampa del dopaje.

El autoconvencimiento de los infractores

Aquellos que cruzan al lado oscuro del engaño deportivo, intentan justificarse con sus argumentaciones estereotipadas y normalmente falsas basadas en un mero “error.” Pretenten convencernos, que su acto de debilidad es ocasional y fortuito, como un suceso puntual de enajenación. Cuando más bien es consecuencia de un plan metódico y planificado en cuanto al consumo de sustancias, acompañado de una cierta inversión económica para cosechar beneficios a corto o largo plazo.

Limpian su conciencia queriendo pensar que la farsa del dopaje es imprescindible para mejorar, para alcanzar la gloria deportiva, los éxitos y reconocimientos sociales. Buscan el autoconvencimiento de que el consumo de sustancias y empleo de métodos prohibidos es generalizado entre los deportistas con los que no se miden de igual a igual. Los podreis escuchar cuando cuentan convencidos, sus frases manidas de que si todos van igual, al final sigue ganando el mejor calma su conciencia y busca el objetivo de convertir al deportista limpio en una especie acosada y en peligro de extinción.

Ellos, quienes personifican el engaño no son los únicos culpables que extienden el tumor endémico del doping. Tras ellos, personas, algunos médicos e intermediarios que se lucran a manos llenas con el negocio de las malas artes, comercializan con sustancias prohibidas, de difícil acceso salvo por estricta prescripción médica (Hormona de crecimiento o EPO), o adquiridos a través de redes ilegales que acentúan el riesgo en su uso, o emplean peligrosos métodos para mejorar el rendimiento que ponen en peligro, de forma innecesaria, la salud del deportista. El mercado del doping mueve ingentes cantidades económica. Los deportistas invierten confiados que superarán con creces lo gastado, sin pensar en las consecuencias negativas para su vida, para su reputación. Los médicos ponen en riesgo su carrera profesional por la avaricia de ese afamado, “Don Dinero”.

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Y todo por una ambición económica y de éxitos desmedida, que convierten al doping, en realidad, en una gran estafa deportiva, un robo despiadado de ilusiones y sueños irremplazables, de esfuerzos en desventaja por conseguir un objetivo. Un fraude económico a las entidades e instituciones que apoyan el deporte, sobre todo desde el ámbito público cuyos objetivos son los de promocionar hábitos saludables, valores positivos y educación en nuestra sociedad. En estos tiempos de crisis, agudizada por un sentimiento de desmedida corrupción, parece apropiado para expresar nuestra indignación, realizar un símil con el gran economista que defrauda los euros y con ello el futuro a los pequeños ahorradores para enriquecerse aún más. Con todo derecho, nos echaríamos a la calle para pedir hasta el último euro que se apropió. Y por supuesto, una vez cumplida su pena, no creo volviéramos a confiar nuestro capital en sus manos.

Sin embargo, las sanciones que castigan al dopaje resultan insuficientes para aquellos que sucumben a la tentación de la trampa, inactividades máximas de dos años salvo reincidencias, no disuaden las avaricias de aquellos deportistas que se creen invencibles. Pasado el período, a veces reducido por la justicia española (no internacional) si se establece colaboración, el sancionado puede reintegrarse por completo en el deporte de competición. Creo en las segundas oportunidades, siempre y cuando el daño y el castigo sean equitativos, y en este aspecto, y a las pruebas nos remitimos, el escarnio se queda corto para evitar la trampa. Tampoco hay contemplado un perjuicio económico que hiciera difícil la compensación monetaria de lo obtenido en las últimas temporadas, ni devolución a los compañeros y rivales damnificados por las victorias, campeonatos perdidos o plazas robadas.

Por suerte la Ley antidopaje española ha evolucionado y, aunque no se considere el dopaje deportivo como delito, como se hace en nuestra vecina Francia, si que permite perseguir como delitos el tráfico, la prescripción o incitación al dopaje por parte de terceras personas. Esto hace que, a pesar de que los controles antidopaje, en el ámbito deportivo, puedan seguir siendo burlados por el dopaje sistemático y planificado, los nombres y actividades ilícitas que conlleva esta práctica no queden escondidas para siempre tras una investigación policial y judicial. Los deportistas saben que, aunque no den positivo, sus nombres pueden aparecer en cualquier redada, en una lista de compradores, en fotos o vídeos, y eso es un incentivo más para evitar la impunidad de algunos que piensan que nunca les cazarán en un control.

Fuga de patrocinadores

Las consecuencias del engaño, las sufrimos y pagamos todos los estamentos deportivos. Aquellas empresas que han querido vincular su imagen a un determinado equipo o deporte, hacen escapada de todo derecho cuando la mancha del dopaje salpica su credibilidad. Las marcas quieren ligarse a todo lo que pueda representarles positivamente y huyen de aquello que indirectamente los dañe. La inversión económica de organismos privados decae o desaparece.

El exterminio del dopaje puede parecer, por más que nos duela una utopía, la trampa y el engaño forman parte del ser humano. Pero crear una conciencia deportiva y social de desaprovación y rechazo es posible y frenará los deseos de sucumbir a la farsa.

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Fuente: http://www.zoomnews.es/65887/estar-forma/lacra-llamada-dopaje?dev_pc=1

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